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Labiales I: como convertir un objeto en símbolo de una era

Labiales I: como convertir un objeto en símbolo de una era

Hola a tod@s. Lo prometido es deuda. Empiezo hoy una serie de post que tenía pendiente desde hace mucho tiempo. Os hablo de los post sobre los labiales. Cuando comencé a investigar sobre los ingredientes que llevan los labiales que día a día nos ponemos miles de millones de mujeres en todo el mundo, jamás pensé que encontraría tanta porquería metida en algo tan bello. No sé vosotras, pero yo con unos tacones y un rouge me como el mundo. Para mí el pintalabios es uno de los productos más emblemáticos de la feminidad. Parece que fue ayer cuando miraba encandilada a mi madre mientras se pintaba frente al espejo del cuarto de baño. Sería una cría de ocho o nueve años y ya esperaba ansiosa que saliera del baño para toquetear a escondidas todas sus barras de labios. Me gustaba todo: el olor, el color, los envases…, así que pronto empecé a emularla maravillada por la irresistible atracción de ese objeto con el que veía a mi madre la mujer más hermosa del mundo (y no, no es amor de hija, era, y es, una de las mujeres más bellas que han contemplado mis ojos jamás).

Se calcula que cada mujer adulta ingiere durante su vida dos kilos de pintalabios. Yo debo llevar ya 1,800 Kg…

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Pero empecemos por el principio. Esta vez me voy a salir un poco del guión y os voy a contar algo más de Historia…

Según la Wikipedia (sí, vale, no es la Biblioteca de Alejandría ni el National Geographic, por eso lo pongo…), las mujeres nos pintamos los labios desde hace 5.000 años, cuando en la antigua Mesopotamia se trituraban piedras semipreciosas y se ponían en los labios. Cuenta la Historia que Cleopatra pintaba sus labios con una mezcla de escarabajos carmín triturados, que tenían un pigmento rojo profundo, y hormigas para la base, ingrediente principal no muy distinto del que se utiliza en la actualidad para los tonos rojos: la Cochinilla (sí, os remito de nuevo a mi post sobre colorantes).

El poder de la barra de labios ha sido tal en la historia que en 1770, el Parlamento Británico aprobó una ley que condenaba el lápiz labial, declarando que “las mujeres culpables de seducir a los hombres en el matrimonio por un medio de cosméticos podría ser juzgado por brujería”. En el siglo XIX sólo las mujeres de mala vida y las actrices llevaban los labios pintados. Ya en el siglo XX las mujeres comenzaron a pintar sus labios tímidamente y Elizabeth Arden y Elena Rubinstein abrieron sus primeros salones de belleza, reservados sólo a las clases más altas de la sociedad. Durante la década de los años veinte, la industria cosmética experimentó un gran impulso en Estados Unidos. Tanto es así que se calcula que durante esta década un total de cincuenta millones de mujeres compraron un labial. La industria cosmética se convirtió en la cuarta más próspera de toda USA, tras la industria de los coches, el cine y los licores. Tal era su éxito, que en los años treinta la revista Vogue ya calificó al labial como un “item definitorio del siglo XX”. De hecho, durante la depresión fue la única industria que se mantuvo a flote.

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Pero no fue hasta la II Guerra Mundial que el lipstick se convirtió en una de las armas más importantes para los Estados Unidos. Quizá esto haya pasado desapercibido para la Historia de la humanidad pero la importancia del ánimo en la batalla es crucial para ganar una guerra (podéis leer un maravilloso artículo sobre el tema aquí). Durante la dura guerra las mujeres cumplieron dos papeles vitales y bien diferenciados: por un lado ante las grandes bajas y la duración de la contienda, las mujeres se enrolaron en la Marina. ¿Cuál diríais que era el objeto que siempre llevaban consigo? No era una foto, ni un camafeo. Era un pintalabios. El gobierno no sólo no veía con malos ojos el uso del pintalabios por parte de las mujeres, sino que alentaba su uso para que éstas se diferenciaran de los hombres (sin llegar a ser excesivamente sexys…). Tanto es así que las mujeres de la Marina tenían una barra de labios oficial, el llamado “Rojo Moctezuma”, que iba a juego con su traje. Imaginad la importancia que un puñado de militares concedería a ese diminuto objeto para convertirlo en parte de la indumentaria oficial…

El otro papel vital era el de las mujeres que se quedaron en tierra. En una tierra casi desprovista de hombres. Allí las mujeres tuvieron una misión doble: apoyar a la industria comprando lápices de labios y mantenerse al pie de cañón. Como os he dicho al principio del post, yo con unos tacones y los labios pintados me como el mundo. Y eso hicieron las mujeres que se quedaron en tierra cuidando de un país en el que no llovía hombres…

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La industria del cine y las Pin Up por su parte contribuyeron a levantar el ánimo de las tropas. Mujeres bellas (y buenas, la moral ante todo) con los labios pintados ayudaron a los combatientes a recordar por qué luchaban, evocando a través de esas hermosas mujeres a sus madres, hermanas, hijas…

No en vano, las publicidades de la época animaban a las mujeres a usar la barra de labios y mantener su belleza casi como un deber patriótico. Y las mujeres estadounidenses recogieron el guante y aceptaron el reto.

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Por lo que respecta a Europa, desgraciadamente en materia de cosmética siempre hemos estado a la sombra del gigante estadounidense. De hecho el primer labial que se fabricó en España de forma comercial se hizo ¡¡en 1922!!, y fue el Milady, de Puig.

Durante los años cincuenta y tras las alegrías de la II Guerra Mundial (para los labiales, ¡eh!), se producen muchas reivindicaciones sobre la salud y la seguridad. Se deja de poner excrementos y escamas de pescado en los labiales (¿o cómo creíais que se les daba ese tono blanco o nacarado?), y se sustituyen por dióxido de titanio y mica. No es hasta 1973 cuando la FDA estadounidense determina que los labiales han de llevar el listado de ingredientes ¡en los años setenta! Desde entonces la industria cosmética ha experimentado un desarrollo exponencial, al igual que las reclamaciones por los supuestos ingredientes dañinos en los mismos. Si queréis conocer toda la historia de los lápices de labios aquí tenéis el fantástico libro “Reading Our Lips: The History of Lipstick Regulation in Western Seats of Power”

En esta curiosa web podréis ver los datos de ventas cosméticas anuales y por cada segundo. Se calcula que anualmente se venden 850 millones de labiales en todo el mundo, una cifra nada desdeñable, aunque a mí me parece una cifra muy baja… Os he hecho esta extensa introducción para que podáis calibrar la importancia del tema del que hablamos. No es un simple objeto de cosmética, es un símbolo de la feminidad y de patriotismo en el caso de Estados Unidos. Eso por no hablar de su importancia como indicador económico. Como sabréis Estée Lauder calificó como el efecto lipstick el aumento de sus ventas en tiempos de recesión económica. La primera vez que se observó este efecto fue tras el crack de la bolsa de 1929. Las mujeres no se podían permitir comprar objetos de lujo y ropa, pero sí un labial. Y el color elegido era el rojo.

Esta industria tan fuertemente arraigada en todos los rincones del planeta es uno de los estandartes del consumismo desaforado y difícilmente vamos a encontrar cortapisas a su expansión. A pesar de los ingredientes que nos cuelan en cada barra. No hablo de los que están en el INCI…, sino de los que se esconden tras él.

El el siguiente post ya nos meteremos un poco más en materia hablando de los ingredientes que SÍ encuentras en el INCI de un labial.

 

Source:
Nina Benito

Nina Benito

Soy periodista y tras dos años y medio al frente de elblogdeninabenito me embarco ahora en Orgànics Magazine, un magazine donde queremos contar que el lado bio de la vida está lleno de glamour, diseño, vanguardia, ciencia y moda. Porque la #RevoluciónBio sólo implica renunciar a las estructuras mentales anquilosadas y estancadas en el siglo XX ¿Te unes a nosotras?

16 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho tu post de la historia de los Pintalabios. La verdad que desde los tiempos las mujeres lo usaban. Enhorabuena por el blog

  2. A la espera! señora de los labios rojos ; D. Cuántos labiales tienes, y cuál es tú favorito? a mi también me encantan, los de Annemarie Börlind me gustan muchos.
    Un beso

  3. Me ha parecido muuuuy interesante tu nuevo artículo. Lo que da de sí algo tan inocente como un labial :). Espero impaciente el siguiente post para saber más del inci, pero reconozco que, desde que leo tu blog, ya he tirado más de un labial (de los que duran años y años) solamente por el olor y la textura. Un abrazo

  4. Me ha encantado esta historia del labial, especialmente el rouge a juego con el uniforme, eso es saber que las mujeres por más que estén en el ejército siguen siendo mujeres.
    Temo que nos vas a asustar con lo que hay en el INCI de los labiales. en cuanto a la cochinilla,uno de los mejores pigmentos que se puede encontrar del rojo y que era el rojo más caro para los pintores de la Baja Edad Media y el Renacimiento (recuerda la túnica de Cristo en el el “Expolio” de El Greco) ya sé que tiene poco glamour, pero no es malo, son peores otros rojos…, y es algo con lo que me gusta sorprender a mis alumnos cuando les digo que el color rosa de ese helado de fresa que tanto les gusta es… 😀

    1. Sí, Hesperetusa. Lo de la cochinilla no es malo, sólo algo asquerosillo… La verdad es que cuando sabes esas cosas miras de otra forma la comida… Caray cuanto cunden esos bichitos… La pena es que eso no se considera maltrato animal. Sí, ya sé que son insectos, pero en los próximos artículos os enseñaré cómo las matan… Y sobre todo, porque le resta mucho glamour a una barra de labios de cuarenta euros… 😉

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