close
Rob Martens: “Queremos cambiar la forma de consumir de los ciudadanos”
24 Marzo 2013978Views

Rob Martens: “Queremos cambiar la forma de consumir de los ciudadanos”

Hablamos con el responsable de la marca ecológica Attitude para Europa, Rob Martens, una joven firma de origen canadiense que, con sólo seis años de vida, ya se ha expandido a 30 países. Ecológica y sostenible, esta marca se preocupa no sólo de lo que los ciudadanos nos ponemos en la piel, sino también de las consecuencias que para el medio ambiente tiene el uso de nuestros geles, champús y productos de limpieza. Si bien esta marca empezó su andadura con productos de limpieza para el hogar: detergentes, lavavajillas, suavizantes y un largo etcétera, Attitude ha irrumpido en el mercado español con una línea cosmética para bebés y adultos con la que ofrece productos de calidad, ecológicos, atractivos y a buen precio ¿se puede ofrecer algo más? Pues sí. Todos los productos Attitude están exentos de parabenos, PEG, aceites minerales y sustancias cancerígenas como el 1,4-Dioxano y el Óxido de Etileno, así como sus derivados, y son aptos para veganos. Attitude está comprometida con el medioambiente hasta tal punto que no sólo sus productos son biodegradables y respetuosos con la naturaleza, sino que además de emprender políticas para reducir el nivel de CO2 producido y compensan el emitido colaborando con un proyecto de biodiversidad de la Organización Jour de la Terre que se dedica a plantar árboles. Si queréis saber más sobre esta marca y su filosofía os invito a seguir leyendo…

Rob ¿cómo nace Attitude?

Attitude nace hace seis años en Montreal (Canadá) de la mano de unos jóvenes que se conocieron en la universidad y, después de haber trabajado fuera de Canadá y haber adquirido experiencia profesional, se proponen crear una empresa que ofreciera productos de consumo sostenibles. Se escogió el nombre Attitude porque suena bien en muchos idiomas y desde el principio teníamos una ambición internacional, y porque queríamos usar una palabra que denotara que el poder lo tiene el consumidor, ya que si queremos hacer un cambio lo podemos hacer desde el consumo que hacemos. Por eso hemos evitado palabras como verde o bosque, porque lo que queremos es atraer a esa gente que igual no consume productos ecológicos pero sí desea ese cambio en la forma de consumir, porque lo que nosotros pretendemos es un cambio en la forma en que consumimos y pensamos.

Es una idea ambiciosa…

Es muy ambicioso, sí, pero pensamos que estamos yendo por un buen camino con esta línea de productos atractivos visualmente, fáciles de usar y con un precio asequible. En sólo seis años hemos pasado de una distribución que se limitaba a la provincia de Québeq y ahora estamos presentes en 30 países, ya que pensamos que para tener un impacto muy grade tenemos que tener unos productos que estén disponibles para mucha gente.

En ese sentido, diferimos un poco de otras marcas ecológicas que van destinadas a aquellas personas que ya son consumidoras de productos ecológicos, cosa que está muy bien, pero estamos hablando de un cinco por ciento de la población en la mayoría de los países y nosotros queremos ofrecer algo que vaya en ese sentido de provocar un cambio.

Pero para llegar a más gente es mejor la cosmética tradicional, ya que es más barata y más segura a nivel comercial ¿no?

Sí, pero nosotros lo que queremos es que todo lo que producimos sea lo más sostenible posible, tanto a nivel medioambiental como a nivel de la salud de las personas. Empezamos con productos de limpieza y una vez que hemos tenido un modelo que funciona, es cuando hemos comenzado la expansión de nuestra gama, y parecía lógico entrar en la gama de productos cosméticos. A pesar de que en este sector hay mucha confusión en el mercado con estos productos: ecológicos, biológicos, naturales…

Los ciudadanos pueden encontrar productos etiquetados como naturales, ecológicos, orgánicos…, pero es muy difícil saber cuáles de ellos no contienen ninguna sustancia dañina para su salud

Por poner un ejemplo, en Estados Unidos en 2008 se hizo un estudio por parte del Environmental Working Group de la Organic Consumers Association (OCA) estadounidense (una organización sin ánimo de lucro que promueve el consumo orgánico y socialmente responsable) en el que se encontró 1,4-Dioxano (una reconocida sustancia cancerígena) en numerosos champús y geles, incluso en aquellos etiquetados como orgánicos y naturales. Eso a nosotros nos chocó un poco y nos confirmó la total confusión que esto debe suponer para el consumidor (para ver las conclusiones del estudio haz clic aquí y las aclaraciones posteriores del artículo -página 2- aquí)

Los ciudadanos pueden encontrar productos etiquetados como naturales, ecológicos, orgánicos…, pero es muy difícil saber cuáles de ellos no contienen ninguna sustancia dañina para su salud. Por eso, en 2012 lanzamos una línea de productos en cuyo envase se especifica que son SIN cancerígenos como el 1,4-Dioxano o el Óxido de Etileno, dos sustancias que se encuentran en muchos productos cosméticos. Con este etiquetado vamos un poco contracorriente e indicamos a la gente que hay un problema, pero también que hay una solución, que hay alternativas.

Entonces ¿son las normativas europeas demasiado permisivas con determinadas sustancias?

Respecto a las normativas, sí es cierto que las sustancias más dañinas como el 1,4-Dioxano y el Óxido de Etileno están prohibidas como ingredientes cosméticos per se, cosa que está muy bien porque está demostrado que son carcinógenos. Tanto es así que el IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) los considera como carcinógenos de nivel 2B (posible carcinógeno) para el 1,4-Dioxano y de nivel 1 (carcinógeno) para el Óxido de Etileno, por lo que es normal que estén prohibidos *.

Creemos que no hay ninguna dosis segura de estos elementos carcinógenos, y aún considerando que hay una ‘dosis segura’ de estos elementos, éstos no se dan aislados, es decir, como media una mujer utiliza entre 15 y 20 productos cosméticos al día, y no sabemos nada sobre el efecto combinado y acumulado de estas sustancias

Sin embargo, Afirma Rob, todavía se toleran estos elementos como contaminaciones, es decir, se aceptan trazas de estas sustancias en geles, champús, espumas… Y eso, desde Attitude, lo consideramos ilógico, ya que creemos que no hay ninguna dosis segura de estos elementos carcinógenos, y aún considerando que hay una ‘dosis segura’ de estos elementos, éstos no se dan aislados, es decir, como media una mujer utiliza entre 15 y 20 productos cosméticos al día, y no sabemos nada sobre el efecto combinado y acumulado de estas sustancias. Y, por último, es que hay alternativas -sentencia Rob-. Hay formas de producir productos para el cuidado personal sin estos elementos, por eso creemos que la legislación se debe mejorar, y nosotros con nuestros productos estamos enseñando que se puede producir cosmética siendo respetuosos con las personas y con el medioambiente. Sé que esto va a molestar a determinados productores con este mensaje, pero queremos abrir el debate de por qué tenemos sustancias nocivas en nuestros cosméticos y qué podemos hacer para evitarlos.

Pero muchos ciudadanos no disponen de los conocimientos de química suficientes para enfrentarse a una etiqueta con 30 ingredientes y saber si son o no dañinos. ¿Qué pautas nos pueden dar desde Attitude?

Entendemos que no todo el mundo puede entender todos los ingredientes, pero hay algunas reglas básicas que podemos mirar si se cumplen en las etiquetas de nuestros cosméticos:

  1. Mirar si hay algún compuesto que termina en –eth, como el Sodium Laureth Sulfate, uno de los ingredientes más comunes en los geles, ya que ese –eth nos indica que este producto, necesariamente, va a contener algunas moléculas de 1,4-Dioxano o de Óxido de Etileno, porque esas siglas indican que se ha pasado por el proceso de etoxilación (tratados con Óxido de Etileno).
  2. Evitar los productos que lleven las siglas PEG**

Y Attitude ¿qué ingredientes usa para sustituir estos compuestos?

Nosotros hacemos productos con ingredientes de origen natural vegetal porque, además, nuestros productos son aptos para veganos ya que no usamos ningún producto derivado de grasas de animales. Utilizamos nueces de coco, de soja o de palma, por ejemplo. Siempre hay alternativas que, aunque son un poco más caras, si se usan a una escala de producción grande se puede hacer un producto ecológico, de calidad y con un precio final para el consumidor que sea aceptable.

Las líneas cosméticas de Attitude se centran mucho en los niños y bebés ¿por qué?

Porque tanto los bebés como los niños están en desarrollo y determinadas sustancias, como aquellas que actúan como disruptores endocrinos (parabenos, ftalatos), pueden tener más incidencia en ellos, al igual que los carcinógenos, por eso tenemos que tener más cuidado si cabe con este grupo de usuarios. Por otra parte, y paradójicamente, muchos de los productos que están en el mercado destinados a bebés y niños son los que más contaminados están, lo cual es un poco cínico, ya que llevan perfumes sintéticos muy fuertes o se anuncian con fórmulas ‘sin lágrimas’, pues bien, ese ‘sin lágrimas’ se obtiene a través de una etoxilación.

Este es el caso, comenta Martens, de la multinacional Johnson & Johnson en Estados Unidos, donde tres millones y medio de personas han firmado una petición para que cambie su fórmula de champú para niños. Tanto es así que Johnson & Johnson se comprometió el verano pasado a rebajar el nivel de carcinógenos y disruptores endocrinos en sus formulaciones de aquí a 2015 (ver las noticias en Usa TodayThe New York Times El Mundo).

Tanto los bebés como los niños están en desarrollo y determinadas sustancias, como aquellas que actúan como disruptores endocrinos (parabenos, ftalatos) pueden tener más incidencia en ellos, al igual que los carcinógenos, por eso tenemos que tener más cuidado si cabe con este grupo de usuarios

Esto nos demuestra dos cosas: una, que hay una preocupación real por estos ingredientes, y dos, que hay una necesidad de tener productos mejores para estos grupos de usuarios.

Hablando de esa preocupación social ¿Van las leyes un poco por detrás de las demandas sociales?

Yo creo que sí, aunque cada vez más la gente está más informada y vemos que se está dando pasos en el buen sentido. Ahora bien, estamos en el seno de la Unión Europea y se entiende que todos los productos dentro de ella estén sujetos a las mismas normas y vemos discrepancias entre países y no debería ser así (en referencia a países como Francia y Dinamarca que han ido un paso por delante y han prohibido los parabenos ), ya que todos los europeos deberíamos podernos fiar de las reglas establecidas. Aunque está bien que haya iniciativas de este tipo porque la toma de decisiones es un poco lenta, y fue precisamente Dinamarca quien durante su presidencia de la UE dio pasos para abrir el debate entorno al coctel químico  al cual estamos sometidos día a día en cosmética, alimentación, productos de limpieza, etc, pero el debate va muy lento, porque no se está investigando seriamente cuáles son los efectos combinados, lo cual hace que todas estas cuestiones queden en manos de la iniciativa de cada país, y no debía de ser así, no sólo por los consumidores sino también por los productores, sobre todo los pequeños productores como nosotros, que no sabemos qué se puede y qué no se puede usar en cada uno de los países de la Unión Europea.

La UE va con pies de plomo a la hora de prohibir e investigar sobre determinadas sustancias ¿a qué cree que es debido?

La industria de los productos cosméticos es muy grande por lo tanto hay mucha presión y por la propia complejidad de la materia, ya que hay tantas sustancias químicas y las combinaciones entre estas sustancias son casi ilimitadas por lo que legislar sobre ellas es muy difícil. No obstante, nosotros somos de los que pensamos que siempre es mejor quedarse en el lado seguro de las cosas, atenernos al principio de precaución. Creo que es un error esperar a que el efecto dañino de una sustancia esté al cien por cien confirmado, si hay una sospecha hay que dar los pasos necesarios para proteger la salud pública.

No se trata de alarmar a la gente y decirles que todos los champús son peligrosos, sólo decimos que sabemos que hay elementos dañinos, que se están usando más productos de uso personal ahora que hace unos años y que todo eso se está acumulando no sólo en nuestro organismo, sino también en las aguas de superficie.

Estamos en una época de grande avances científicos y sabemos que el 85% de los cánceres no son genéticos y las estimaciones dicen que una de cada tres personas va a sufrir un cáncer en el transcurso de su vida y el 85% de ellos no tendrán un origen genético y yo creo que eso nos tiene que hacer reflexionar seriamente sobre qué podemos hacer para minimizar el riesgo.

Creo que es un error esperar a que el efecto dañino de una sustancia esté al cien por cien confirmado, si hay una sospecha hay que dar los pasos necesarios para proteger la salud pública.

Hablando de la contaminación de los acuíferos, en España no hay demasiada cultura ecológica, pero si hablamos de productos de limpieza su presencia es casi anecdótica ¿por qué su empresa se vuelca tanto en la fabricación de productos de limpieza ecológicos?

Si tenemos en cuenta que todos los productos de limpieza que usamos terminan en el agua que bebemos o en el mar donde llega al circuito alimenticio de una forma u otra, que las aguas de consumo en España están muy limitadas entonces se ve la necesidad de controlar mucho lo que vertemos en el agua.

Yo creo que la falta de cultura ecológica en España respecto a los productos de limpieza está basada en algunos prejuicios derivados de los inicios de la producción de detergentes y productos de limpieza ecológicos. Si se le pregunta a un ciudadano por qué no consume productos de limpieza ecológicos su respuesta siempre contendrá alguna de estas cuatro respuestas: que son productos caros, que no sabe dónde comprarlos, que no funcionan o que no huelen bien. De hecho he visto un slogan de un producto español que pone ‘ecológico pero funciona’ casi como disculpándose y como si ambas cosas fueran contradictorias.

Igual, continua Rob Martens, tiene que ver con el hecho de que ha habido productos que no han funcionado en el pasado, ya que los primeros productos sin fosfatos se comenzaron a producir en los años setenta y han ido evolucionando y, gracias a la tecnología, hoy en día podemos hacer productos ecológicos muy eficaces. Yo le diría al consumidor que pruebe nuestros productos de limpieza y verá como funcionan (Attitude tiene una de las gamas más amplias de productos de limpieza ecológicos que conozco). Además no tienen efectos dañinos para nuestras vías respiratorias ni para nuestra piel, que parece que estamos acostumbrados a que cuando usamos un aerosol de limpieza nos tenga que molestar al respirarlo y no tiene que ser así.

Si se le pregunta a un ciudadano por qué no consume productos de limpieza ecológicos su respuesta siempre contendrá alguna de estas cuatro respuestas: que son productos caros, que no sabe dónde comprarlos, que no funcionan o que no huelen bien

Y es que es cierto que Attitude propone un cambio en la forma en la que pensamos y consumimos. Y, como decía la canción, nada como empezar por uno mismo…

 

* (En el siguiente cuadro se pueden ver las clasificaciones de la IARC. Si estás interesado en leer las monografías -en inglés- de las dos sustancias haz clic aquí para la del 1,4-Dioxano -en las evaluaciones de la página 599 pone la clasificación- y aquí para la del Óxido de Etileno -en la página 287 se encuentra la evaluación-)

IARC

** PEG: polietilenglicol. Estos compuestos han sido tratados con Óxido de Etileno. El número que normalmente acompaña a este PEG hace referencia al número de moles (una unidad de medida usada en química) que tiene ese polietilenglicol, es decir, el número de veces que ha sido sometido a un proceso de etoxilación. Cuanto mayor es el PEG, más alto es el número de moléculas de Óxido de Etileno que contendrá el compuesto.

Rob Martens Attitude

Source:
Nina Benito

Nina Benito

Soy periodista y tras dos años y medio al frente de elblogdeninabenito me embarco ahora en Orgànics Magazine, un magazine donde queremos contar que el lado bio de la vida está lleno de glamour, diseño, vanguardia, ciencia y moda. Porque la #RevoluciónBio sólo implica renunciar a las estructuras mentales anquilosadas y estancadas en el siglo XX ¿Te unes a nosotras?
error: El contenido esta protegido!