Diferencias entre agua micelar, tónico y savia ¡te lo contamos todo! (o casi)

El otro día una lectora nos preguntó cuáles eran las diferencias entre agua micelar, tónico y savia. Y nos pareció una duda tan buena que hemos decidido hacer un artículo para que averigües las diferencias y qué producto te conviene más ¡gracias Esther!

En resumidas cuentas el agua micelar limpia, el tónico tonifica y la savia es un híbrido. Y aquí podríamos acabar el artículo. 

Pero entonces no estarías leyendo Orgànics Magazine, así que vamos a hablar de las diferencias entre un agua micelar, un tónico y una savia con detalle ¡Empezamos!

El Agua Micelar

Tal y como os comentamos en nuestro artículo sobre aguas micelares, el agua micelar es una solución acuosa que lleva unos agentes detergentes con una estructura llamadas micelas. De ahí su nombre. Estas estructuras son uniones de moléculas con parte hidrófila-lipófoba y una hidrófoba-lipófila, es decir, una parte repele el agua y atrae las grasas, y otra que atrae el agua y repele las grasas, formando una estructura esférica en la que la parte que atrae las grasas y repele el agua está en el centro, mientras que la parte exterior quedan las partes hidrófilas y lipófobas.

 

Seguramente lo entenderéis mejor con las imágenes del jabón que también forma este tipo de estructuras.

diferencias entre agua micelar, tónico y savia

De esta forma la suciedad se queda atrapada en el interior de la micela. La diferencia principal del jabón y las aguas micelares es que mientras el jabón necesita del aclarado para arrastrar la suciedad, las aguas micelares an contener sustancias surfactantes sin jabón.

Esto es un poco lioso porque se empezó a usar la palabra detergente como sinónimo del jabón, a pesar de que el jabón es un detergente pero hay decenas de sustancias detergentes que no son jabones. Por eso cuando aparecieron los Sindet (Sin Detergente) en realidad no eran Sindet, sino que lo que no llevaban era jabón como tal (una reacción entre un alcalí como la lejía o la sosa cáustica o potásica, una grasa y el agua), sino que eran otro tipo de surfactantes.

El lío estaba servido, porque lo que se empezó llamando Sindet (sin detergente) era, en realidad, lo que hoy conocemos por detergentes (entre los que se encuentran los geles de ducha, las aguas micelares y los detergentes de la ropa). Por eso ahora cuando se dice que un gel de limpieza no lleva jabón, normalmente es un reclamo publicitario, ya que hace décadas que los geles corporales y faciales no llevan jabón como tal, sino que son detergentes sin jabón. Pero queda guay poner que algo no lleva jabón, como si el jabón fuera malo. 

Y llegamos a las aguas micelares que contienen una parte pequeña de detergente. Los ingredientes usados para estas aguas micelares son los surfactantes más suaves de todos, como el decyl glucoside, el caprylyl/capryl glucoside, coco glucoside, o el sodium cocoyl glutamate. También las hay que contienen saponaria, la raíz de una planta con propiedades saponificadoras que da origen al nombre del jabón, pues las saponinas tienen la estructura muy similar a la del jabón y que también se encuentra en semillas como la quinoa (por eso hay que remojarla muy bien para elimilarla).

Así que mientras los jabones necesitan de ser enjuagados para arrastrar la suciedad (y porque son muy alcalinos y si no los retiráramos desequilibrarían nuestro manto hidrolipídico que es ácido), las aguas micelares al contener estas amables sustancias detergentes en un medio acuoso ya diluidas no son necesario aclarar, aunque algunas nosotras preferimos aclararlas. En nuestro artículo de aguas micelares te comentamos las diez que más nos han gustado en los últimos meses y si consideramos que deben aclararse o no según su composición.

Otra de las propiedades de las aguas micelares ecológicas es que al contener extractos e hidratos limpian y tonifican al mismo tiempo, por lo que no es necesario usar un tónico en la mayoría de los casos. Nos gustan porque son rápidas y cómodas de usar, limpian, dejan muy bien la piel y en un gesto acabas con la limpieza facial.

El tónico

Después de limpiar la piel (con un desmaquillante en crema, aceite o jabón) es necesario tonificar para refrescar, cerrar poros y dejar la piel totalmente preparada para recibir nuestra crema de día o aceite de noche.

No os mentiremos si os decimos que este es uno de los pasos que más nos solemos saltar, ya que si limpiamos muy bien la piel y luego aplicamos productos adecuados para su cuidado nos parece un paso algo prescindible. Bueno, nos parecía, porque hemos estado testando algunos de los mejores tónicos del mundo, de los que os hablaremos en breve, y nos hemos aficionado bastante.

Lo que sí es cierto es que las personas que usan tónico nos miran como si cometiéramos un crimen de lesa humanidad cuando les decimos que no solemos usar tónicos. 

Para nosotras el mejor tónico tiene que cumplir 2 reglas y tiene 1 excepción.

Primera regla: Debe empezar el INCI por un hidrolato. No es que un tónico que empiece por Aqua en el INCI sea malo, es que si empieza por un hidrolato no está proporcionando todo lo bueno de una planta. Si no sabéis cómo se elabora un hidrolato os recomendamos leer nuestro artículo sobre los aceites esenciales donde os contamos cómo se elaboran (ya que un hidrolato es un subproducto de un aceite esencial con muchísimas propiedades).

Segunda regla: Cuanto más corto sea el INCI mejor. Los mejores tónicos son los hidrolatos: de rosas, de hamamelis, de lavanda, salvia… Sólo o combinados. 

En esta regla tenemos la única excepción: los Incis largos suman si se trata de tónicos con fermentos/lactobacillus y extractos. Los extractos de plantas añaden propiedades a los tónicos. Y los fermentos aportan a la piel bacterias buenas (porque sabías que nuestra piel esta repleta de ellas, ¿no?), por lo que son muy útiles para restablecer la flora bacteriana buena en pieles con eccema, dermatitis, acné, rosácea, quemaduras solares recientes, cicatrices y todos aquellos procesos en los que nuestra piel ha sido dañada. Eso siempre suma ¿no?

Tercera regla: los alcoholes sólo grasos o al final del INCI. Hemos probado muchos tónicos y esos que dan esa sensación de frescor alcohólica y luego recorre un cosquilleo tu piel no son nada buenos. Primero porque están llenos de alcoholes como el denat que no son buenos para tu piel. A pesar de que no somos amantes de los alcoholes, un poco de alcohol graso es perfecto para aportar frescura a los tónicos y para las pieles grasas y mixtas una gran ayuda. Pero sólo al final del INCI.

El tónico es un producto perfecto para quienes adoran las rutinas cosméticas largas y cuidadosas, para quienes tienen la piel dañada (muy seca, con acné, con dermatitis) o quienes necesitan usar mucho maquillaje en su profesión, ya que usarlo implica haber realizado una meticulosa limpieza del rostro. Es el paso final de una limpieza facial slow. Un deleite para la piel. 

La savia

Para saber las diferencias entre diferencias entre agua micelar, tónico y savia nos falta hablar de este último producto, del que sólo conocíamos dos marcas que lo tengan, además ambas españolas: Dulkamara y Ypsophilia, que, además, son las que le han dado nombre a este tipo de productos (o al menos no conocemos otras marcas que lo usen), aunque recientemente se le ha unido (para nosotras) una tercera: las de Ártica Biocosmética (a pesar de que esta marca las llama aguas micelares, pero como os contamos en el artículo dedicado a ellas son mucho más que un agua micelar).

Pues bien las savias son la unión de los otros dos conceptos, ya que tienen la propiedad de limpiar como las aguas micelares (aunque no contienen tantas sustancias detergentes o directamente no contienen ninguna) y de tonificar como un tónico. Pero no solo eso. Son tan ricas en ingredientes y extractos que son un verdadero alimento para la piel. 

Para nosotras son la fórmula mágica de la limpieza y la tonificación con un plus de regalo. Limpian la piel en profundidad, aportan luminosidad y la tersan, son refrescantes y algunas de ellas contienen ingredientes para blanquear la piel o potentes extractos para luchar contra los signos de la edad. 

En este caso sí es un crimen enjuagarlas. Por lo que tras su uso la piel está más que lista para seguir con la rutina de hidratación.

No os mentimos si os decimos que en algunas ocasiones no hemos puesto nada más en el rostro, ya que se nota tan limpio y suave que no queremos usar nada más y que cuando tenemos mucha pereza por desmaquillar o limpiar la piel siempre recurrimos a ellas porque usarlas marca una gran diferencia.

El resumidas cuentas: el agua micelar limpia y tonifican, no es necesario aclarar pero es recomendable. El tónico tonifica y se usa después de la limpieza con una leche limpiadora, un aceite o un jabón, y las savias limpian, tonifican y aportan valiosos compuestos a la piel por lo que nunca se aclaran.

Esperamos haberos aclarado las diferencias entre agua micelar, tónico y savia y que a partir de ahora podáis elegir lo que más os conviene en cada momento.

Y tú ¿eres más de agua micelar, limpieza total más tónico o has probado ya las savias?

 

 

 

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Maria
Maria

No había escuchado/leído nada de la savia. Yo me doy primero el agua micelar y luego el tónico. No me maquillo pero aun así pienso que viviendo en ciudad es una buena forma de limpiar la piel solo por la polución del ambiente. No se si es lo correcto, pero me va bien. Lo de la savia lo voy a estudiar. Me parece un buen producto. Muchas gracias por vuestro artículo!

Esther RG
Esther RG

Muchísimas gracias, un detalle enorme una explicación tan completa a mi pregunta. Ha quedado super claro, no tenía ni idea. Una duda: soy fan de la doble limpieza, si quiero usar una savia ¿qué sustituiría? Yo usaría un aceite o un bálsamo de limpieza, seguido x una savia y ya me ahorro tónico ¿es correcto? ¿o con una savia sería para usar sólo savia y nada de bálsamos?

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