Portrait of woman's hands with water splash.

10 claves para distinguir la cosmética natural del greenwashing

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Hoy hemos rescatado una conferencia que dimos hace cuatro años ¡cómo pasa el tiempo! sobre el greenwashing, porque es un tema sobre el que queremos hacer mucha incidencia. Porque cada vez son más las marcas que practican este ‘lavado verde de cara’ para aparentar que son más ecológicas de lo que en realidad son, así que hoy os damos 10 claves para distinguir la cosmética natural del greenwashing.

Puede parecer algo complicado diferenciarlas, pero lo cierto es que es realmente fácil. Sólo tienes que seguir nuestras claves y saber que en cosmética las palabras Natural, Ecológico, Bio u Orgánico no significan NADA. Eso es porque la Unión Europea no ha (querido, podido, dado la gana…) regular estos términos para la cosmética, aunque sí para la alimentación. Así, un producto de alimentación en el que pone la palabra Bio ha de ser, por necesidad, orgánico (lo de natural ya es otro cantar y 100% natural no siempre es 100% natural..). Así que en nuestra mente cuando leemos Eco o Bio lo asimilamos directamente con algo ecológico pero en cosmética ¡nada más lejos de la realidad! Si no que se lo pregunten a Bio Oil, un preparado de parafina básicamente que, sin embargo, se cuela por las rendijas de nuestro subconsciente haciéndonos creer que es un producto ecológico, natural e inocuo que promete borrar las estrías de nuestra piel ¡Si hasta nos entran ganas de comprarlo a nosotras!

Pero no sólo eso. 

La falta de legislación es tal que en un envase se puede poner que una crema está hecha a base de argán aunque sólo lleve una gota de este preciado aceite, y está bien. Y llenar el bote de nueces de argán y poner algo como ‘receta original’ y que caigamos, una y otra vez, en sus sabias redes de marketing ¡si hasta a veces a nosotras nos da gana de probar sus brebajes! Incluso esa gota de aceite de argán puede ser de cultivo ecológico ¡y lo pueden poner en el envase! Algo como ‘con aceite de argán bio’. Toma castaña pilonga. 

Entonces ¿cómo distinguimos lo que es realmente natural de lo que no? Os damos ya nuestras

10 claves para distinguir la cosmética natural del greenwashing

1. Las marcas que practican el greewashing exacerban lo verde.

Toda empresa que se precie de practicar el greenwashing llenará sus productos de flores, frutas y verde. Todo, absolutamente todo lo de la marca nos debe remitir a la naturaleza. Los olores han de ser más intensos que en la naturaleza, y los colores de los cosméticos no deben dejar lugar a dudas. Siempre que veas un gel de aloe vera de color verde fosforito sabrás que no es natural. EL aloe vera es transparente e, incluso, algo parduzco. 

Y sí, sabemos que en algunos envases incluso pone Aloe vera 100% natural. Pero ese truco de greenwashing os lo contamos luego…

2. Hacen de lo anecdótico lo sustancial.

Publicitar como ingredientes principales los que realmente aparecen al principio el INCI es una temeridad, ya que suele ser agua, químicos tóxicos e ingredientes que nada tienen de glamuroso. Si el ingrediente principal que se publicita en envase está al final de la composición se trata de greenwashing. En algunas ocasiones siquiera aparece el producto en ninguna de las partes del INCI ¿como es esto? Porque muchas veces, los cítricos, la vainilla o las frutas tropicales no son más que aromas artificiales que se recogen bajo la palabra Parfum. En esta palabra se recogen más de 3.000 sustancias que van desde nuestros amados aceites esenciales a ftalatos y otros tóxicos que no querrías en tu piel ni en la de tu familia.

La forma de distinguir si una marca usa un perfume natural o no es porque lo pone en un asterisco o porque está certificada. Si la marca está certificada, el perfume sólo puede provenir de uno de los fabricantes certificados y está exento de tóxicos (lo cual no quiere decir que sea 100% natural, pero hay ingredientes sintéticos que no son tóxicos).

3. Hacen enunciados ambiguos y confusos

Este es uno de nuestros preferidos y el que más nos saca de nuestras casillas. Vamos con el ejemplo de antes. Suponemos que en alguna ocasión os habréis encontrado con un producto en el que ponga hecho con aloe vera 100% natural, o con aceite de argán 100% natural. Lo compras pensando que es un producto 100% natural y al llegar a casa y darle la vuelta lees una composición tan larga como un testamento ¿qué ha pasado? ¿Me han tomado el pelo?

Sí y no.

Cuando dicen que ese producto lleva aloe vera 100% natural lo que te quieren decir es que ese aloe vera (que puede ser una gota, la mitad del envase o todo el envase lleno) es 100% natural.

Pero como no existe un aloe vera que no sea 100% natural pues es como tomarnos un poco el pelo. Así que 100% natural no significa nada, desgraciadamente y en detrimento de las marcas cuya composición sí es 100% natural al completo, pero nosotras de esos sellos y sentencias no nos creemos nada. En un cosmético el que tienen que hablar es el INCI y no el envase.

4. Barren la suciedad bajo la alfombra.

Una de las prácticas más habituales de las marcas que practican el greenwashing es no poner el INCI en las páginas webs pero sí destacar los ingredientes naturales que lleva ese producto aunque sea en cantidades ínfimas bajo los epígrafes como: ingredientes principales, principios activos… Como no tienes el INCI para contrastar te has de creer lo que te dicen. Por eso nuestro consejo es que no compres nada de lo que no podáis leer la composición primero.

5. Adoran los sellos.

¿Os habéis fijado que todos los envases de cosmética están llenos de logos y sellos? Los productos ecológicos llevan sellos que los avalan, las de las certificadoras, el sello vegano, el cruelty free… una serie de compromisos que están respaldados por empresas serias y comprometidas con el medio ambiente. Si quieres que tu producto parezca natural han de poner un sello, aunque sea absurdo.

Esta fiebre de los sellos hace que pierdan su valor y que podamos ver sal sin OGM o sal sin químicos ¡pero si el cloruro sódico es una de las primera fórmulas de química que aprendimos en el instituto!

Y es que la fobia a los químicos es tan peligrosa y absurda como el amor incondicional a los mismos. La química no es mala, ni buena per se. Todo en nuestro cuerpo está regido por reacciones químicas. Lo que hay que diferenciar es la química beneficiosa para nuestro organismo de la química dañina, y en las cantidades en que lo es. El agua, sin ir más lejos, que es de la mejor bebida del mundo y vital para nuestra supervivencia, puede ser letal si se consume en exceso al provocar una deficiencia de sodio que te puede llevar a un estado de hiponatremia y a la muerte ¡por beber agua!

Y hablando de agua… estamos hartas de leer etiquetas cosméticas en las que pone que esa crema está hecha sin químicos. Si el H2O no es química ¿es física, metafísica, alquimia? Todo en la vida es química, si no, no existiría nada. Incluso la nada se mantendría en un status quo gracias a la química. En Orgànics Magazine siempre decimos químicos tóxicos ¡porque los hay inocuos, y muchos! o simplemente, sin tóxicos. Decir que una crema no lleva químicos puede dar a entender que no lleva ingredientes de síntesis, pero no es lo mismo. 

De hecho los productos naturales llevan más química que los sintéticos. Una crema hecha de siliconas contiene siliconas inertes. Sin vida. Pero una crema natural se transforma, se solidifica y licúa con la temperatura, evoluciona y en ella se dan miles de reacciones químicas. Está viva, es un trozo de la naturaleza y, como tal, tiene un latido. La próxima vez que uses tu cosmético natural o ecológico (pero de los de verdad) párate y siente su latido. En serio. Nota como tu crema no es la misma cuando hace frío que cuando hace calor, como sus aromas son diferentes. Porque tú piel no necesita lo mismo en verano que en invierno ¿no es maravilloso? Y todo ello es producto de la química ¡en Orgànics Magazine amamos la química! lo que odiamos son los tóxicos y los ingredientes sintéticos innecesarios en nuestra vida.

6. Las marcas que practican el ‘lavado de cara verde’ usan palabras vacías y/o complicadas.

El uso de palabras y frases sin significado se ha puesto muy de moda en cosmética (error en el que caen las marcas naturales y ecológicas de verdad). Palabras como Ecofriendly ¿qué es eso? ¿Que eres amigo de un ecologista, que cuando vas al campo recoges la basura que generas?… Qué significa realmente eso… Pues nada. Si algo es ecológico ha de poner sus avales. ¿Un bolso de polipiel hecho en china es ecofriendly porque no se ha despellejado un animal para hacerlo? ¡Claro que no! Se han matado muchos animales y contaminado muchas hectáreas de tierra y usados muchos tóxicos para producir un bolso ¿es eso ecofriendly? Y la ecopiel ¿Qué diantres es eso de ecopiel? Ahí entran desde las pieles veganas sin tóxicos, maravillosas alternativas a las pieles animales, hasta unos zapatos de poliéster que imiten el animal print. Aunque sobre todo esto os hablaremos en un artículo a parte…

En definitiva, que las marcas que practican el greenwashing usan el lenguaje como ningunas. Una cosa hemos de decir en su defensa. Currárselo se lo curran mucho y se les ocurren cosas que nos dejan con la boca abierta. Nos habíamos propuesto no hablar de marcas ni de productos, pero es inevitable… 

Yves Rocher por ejemplo es, ni más ni menos, que la creadora de La Cosmétique Végétal. Pero es que además esa denominación ¡la han registrado!

La marca Nectar of nature, por su lado nos asegura que sus recetas (ellos no tienen INCI, tienen recetas que queda mucho más romántico) están inspiradas por botánicos… ¿Cómo se os queda el cuerpo? Pero ¿Todos los botánicos del mundo o alguno en concreto?

Otra de las cosas que no puede faltar son los productos con palabras ininteligibles, difíciles o que están de moda: polifenoles, el licopeno, el resveratrol, las células madre vegetales… Nosotras cuando leemos eso de células madre vegetales de manzana, por ejemplo, pensamos que al aplicarnos esa crema nos va a brotar un manzano en el corazón…

Y en esto reconocemos que las marcas naturales y ecológicas tienden también a hablar de productos 100% naturales para expresar lo sanas que son, y eso también es una expresión bastante vacía. Si me dicen que es un producto 100% natural puede contener veneno de cobra, cicuta o mercurio ¡son 100% naturales! Porque 100% natural sólo indica eso, que es natural, pero no necesariamente que sea beneficioso para nuestra piel. 

Por eso es necesario un INCI como una catedral donde podamos leer el orden de los ingredientes. 

7. Destacan sus compromismos medioambientales.

Aunque para hacerlo gasten tanto papel y emitas tanto CO2 que anulen esas ‘buenas acciones’. Y es que las empresas que practican el greenwashing no se besan porque no llegan. Se gastan más dinero en publicitar sus contribuciones al medio ambiente que en poner ingredientes realmente inocuos para el medio ambiente y nuestras pieles. Se sale mucho más barato, claro.

Envases reciclables, cartón FSC, compensación de CO2. Esos son los compromisos medioambientales clásicos. A ellos se les une la última moda: tener un propio terreno para cultivar tus ingredientes naturales o colaborar con cooperativas para extraer aceites y mantecas (preferiblemente de mujeres del tercer mundo). No es que todo esto esté mal, al contrario, es maravilloso, pero no tiene sentido hacer todo esto si luego tus cosméticos están llenos de sustancias químicas persistentes, bioacumulativas y que contaminan no sólo nuestra piel sino todo el planeta, haciéndole un flaco favor a todo aquello que proclamas defender.

Las marcas naturales y ecológicas de verdad también hacen esas proezas, pero mantienen una coherencia y, sobre todo, lo hacen por convicción. Las marcas que practican el greenwashing lo hacen por imagen. ¿Cómo es posible que las marcas participen en programas destinados a subsanar los problemas ellas mismas provocan? ¿No sería más fácil dejar de provocarlos? Quizá nacimos con demasiados escrúpulos…, vaya usted a saber…

8. Un ingrediente Bio en el INCI

No se puede ir de natural por la vida sin serlo sin tener ni un mísero producto bio, y si está certificado, mejor, eso tiñe mucho de verde una empresa. Esto es un poco como el ejemplo de la gota de aceite de argán bio, pero llevado a la realidad. A pesar de que no puedan llevar un sello ecológico, sí pueden decir que llevan ingredientes procedentes de la agricultura ecológica. Algunas marcas que intentan lavarse la cara y subirse al carro de lo ecológico incluso sacan su propia línea certificada. Y ojo, no nos parece mal en absoluto. 

A estas alturas de la vida que L’Oreal saque una línea bio es de aplaudir, siempre, ¡ojalá lo extiendan a todas! Y no, no nos parece un contrasentido. Para nosotras la verdadera revolución bio sólo tendrá lugar si los ciudadanos demandamos y consumimos los productos ecológicos y sostenibles y les decimos con nuestra compra a las grandes corporaciones cómo queremos que sea la sociedad del futuro. 

Hemos de dejar de ser consumidores pasivos frente al televisor a ser consumidores activos, críticos y demandantes. Porque sólo ellas son capaces de lograr ese cambio. Pero es importante saber dónde está cada una de ellas. Nunca, jamás, serán comparables una marca 100% natural, ética, justa y ecológica a un gigante que decide probar a llevarse un trozo del pastel. Nosotras lo tenemos muy claro. Por eso potenciamos a las primeras y animamos a las segundas. 

9. El mundo por montera.

Sabemos lo exótico que queda tener una línea de jabones en la que uno es de flor de cerezo de Japón, otro de nueces de macadamia de Burkina Fasso y otro de Líquenes islandeses. Pero las marcas realmente naturales usan ingredientes de kilómetro cero, o lo más cercanos posible. Algunas de ellas tienen varias fábricas y dependiendo de dónde fabriquen usan unas materias primas u otras. Dar la vuelta al mundo en busca de extractos sólo para que quede bonita tu línea de geles no es muy natural que digamos (cuando no manifiestamente falso, el aroma de flor del cerezo no proviene de la flor del cerezo, sino de su proveedor de fragancias tóxicas de china o india).

Eso no quiere decir que la cosmética natural y ecológica de verdad no utilice ingredientes de diversas partes del mundo, pero lo hace para usar las bondades de productos como el karité, el argán o la moringa que no se pueden producir en Europa. Y, además, con ello ayudan a que los productores tengan un medio de vida y cuiden su entorno en vez de destruirlo para obtener madera, por citar un ejemplo.

Y por último un mandamiento para gobernarlos a todos…

10. La realidad no puede arruinar un producto de Greenwashing.

Da igual si producir la crema cuesta un céntimo. Da igual si los tres primeros ingredientes del INCI son agua, una silicona y un tóxico. No importa si no hay un sólo ingrediente natural en su composición. No importa si para vender en China esa marca tiene que testar en animales. Siempre se puede disfrazar un producto y hacerlo parecer a nuestros ojos un producto natural, inocuo, medioambientalmente responsable, socialmente justo.

Ellos juegan con el lenguaje, los millones de euros gastados en publicidad (¿sabías que una doble página en una revista de moda puede valer más de 50.000 euros? ¡qué marca natural de verdad puede competir con eso!), el ejército de diseñadores, especialistas en marketing, publicidad y abogados, el poder de las imágenes y, sobre todo, nuestra tremenda disposición a creer sus mensajes.

A creer que durmiendo nos desaparecerá la celulitis.

Que nuestras estrías de hace veinte años y dos embarazos se borrarán por arte de magia.

Que seremos mas jóvenes que nunca dentro de quince días.

Que el daño de nuestro cabello se borra en tres minutos.

Y con esa ilusión compramos sus productos. Pensando que son la solución a unos males que ellos mismos han creado y que son totalmente inocuos (nuestra abuela se murió con 90 años sin saber qué era la celulitis ni el frizz, ni mucho menos que una mujer por tenerlo fuera menos bella). 

Para ellos somos como niños que creen en los cuentos.  

Nosotras ya estamos muy curtidas para creerlos.

Y tú ¿vas a dejar que te coma el lobo feroz?

 

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Comentarios

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Esther RG
Esther RG

Muchas gracias, un artículo estupendo y muy claro

Elena
Elena

Hola, gracias por el muy buen artículo.
Sólo añado, por actualizar, que la moringa ya se cultiva en España, concretamente en Málaga, Almería y Sevilla. Fuente: ABC

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