La que hemos liado con los desodorantes tóxicos, Núria Coll

Close up of woman applying deodorant on underarm

Hace unos días salía una entrevista que Núria Coll, directora de la comunidad, revista y web Soy Como Como, me hacía en su nuevo Podcast, un espacio donde cada entrevista es un regalo.

Y cuando hablamos de los desodorantes con tóxicos se lió parda, y se viralizó el mensaje #cambiatudesodorante

Este artículo va dedicado a todas las personas que nos acusan de magufas y de carentes de ciencia, a todos los que han adoptado como un mantra aquello de ‘si fuera tóxico no se vendería’, a quienes creen que solo están autorizados a hablar de tóxicos quienes poseen un título universitario de farmacia o medicina, carreras en las que se estudia poco o nada sobre toxicología y disrupción endocrina, los tóxicos más preocupantes y omnipresentes. 

Tanto Núria como yo somos tremendamente afortunadas. Somos periodistas. Estamos especializadas en leer información complicada y traducirla a un idioma asequible para el ciudadano medio.

Los periodistas somos los depositarios del ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos y los que debemos ejercerla para informarte a ti con toda la rigurosidad posible, para informarte y formarte.

Una máxima que me caló en la facultad de Periodismos pero que, desgraciadamente, se convierten en papel mojado cuando entras en medios de comunicación que se autocensuran para no provocar la retirada de sus anunciantes evitando temas controvertidos como los tóxicos en cosmética o en nuestros alimentos. ¡Imagina una revista o una televisión sin anuncios de comida basura ni cosméticos ni productos de limpieza!

En Soy Como Como y Orgànics Magazine es al contrario. Solo las empresas que se ajustan a nuestra filosofía tienen cabida como anunciantes, para preservar nuestra independencia. Y, por encima de ellas, está nuestro deber de informar. Y eso nos da una libertad de la que no pueden presumir muchos medios…

No somos dermatólogas, ni farmacéuticas, ni endocrinas. Ni falta que nos hace, porque nosotras vamos a las fuentes más autorizadas para traducir y transmitir sus mensajes sobre tóxicos y disrupción endocrina.

Yo, por mi parte, me baso en los estudios y las conclusiones de los especialistas en disrupción endocrina. Igual que no voy a un dentista cuando me duele un brazo, no acudo a un dermatólogo para saber de disrupción endocrina. 

Siquiera voy a un endocrino. Voy a una persona que, además de ser médico es catedrático e investigador, y está a la cabeza de los estudios más punteros en la materia que nos afecta.

No os merecéis menos, no os conforméis con menos. 

Además, tenemos la gran fortuna de que uno de los mayores expertos del mundo sea Made in Spain. Nicolás Olea es experto en cáncer de mama, testículo y tiroides.

Es catedrático del departamento de Radiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada y director científico de del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada y facultativo especialista del Servicio de Medicina Nuclear del Hospital Clínico de la Universidad de Granada.

Ha dirigido más de 50 tesis doctorales y ha sido docente en casi 40 cursos especializados.

Ha participado en más de medio centenar de estudios y proyectos financiados por la Unión Europea (o sea, por todos nosotros) como The European Huma Biomonitoring Initiative; Exposición del recién nacido de muy bajo peso a disruptores en La Unidad de Cuidados Neonatales; Puesta a punto del Biomarcador Carga Estrogénica Total Efectiva en muestras de suero humano y estudio de su relación con tejido adiposo mamario en pacientes de cáncer de mama; Exposición Múltiple a Disruptores endocrinos en la Cohorte Infancia y Medio Ambiente (IMA): nuevos marcadores de exposición hormonal… Y así hasta 59 estudios públicos y 13 privados. 

Además de eso, su equipo investigador ha publicado 225 estudios en las revistas científicas más importantes y es el científico más citado por sus pares, con 14.440 citas totales hasta 2019.

Y, por si eso fuera poco, es el representante de España en la comisión de la Unión Europea sobre disruptores endocrinos.  

Si has llegado hasta aquí y piensas que solo Lucía mi Pediatra o Boticaria García hacen ciencia de verdad (por alusiones en redes que nos invitan a informarnos en sus cuentas de Instagram, que no tenemos nada en contra de estas dos profesionales) y que lo que este señor Olea diga sobre disruptores endocrinos son magufadas, nada de lo que leas aquí te aportará nada, así que no pierdas más tu tiempo y sigue con tu vida 😉

Si, por el contrario, crees que algo de lo que este científico nos ha contado (y muchos otros a nivel europeo expertos en disrupción endocrina que llegan a las mismas conclusiones) puede aportar algo a tu vida, vamos a hacer un pequeño viaje que, cuanto menos, te va a dar que pensar.

Pero, para empezar, vamos a tirar abajo esos mantras que nos repiten constantemente, que tanto gustan a la industria y que corroboran aquello de ‘Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad’. 

Primer mantra:

Si fuera tóxico no se vendería

Cuando decimos eso, estamos queriendo decir que nuestras administraciones no permitirían que existieran en el mercado productos que fueran peligrosos para nuestra salud o la del medio ambiente.

Así que vamos a ver lo que opina nuestra propia administración sobre eso. 

Por suerte, en la Unión Europea contamos con datos de casi todo. El Eurostat es la base de datos de la UE, y allí puedes ver estadísticas casi sobre cualquier cosa y, entre esos datos, tenemos estadísticas anuales sobre los tóxicos que se producen y consumen en la Europa de los 27.

Como podéis ver, en 2018 se produjeron y consumieron un total de 222,6 millones de toneladas de químicos catalogados como tóxicos por la propia Unión Europea.

Coincidirás conmigo que la UE es de todo menos magufa…

Pues bien, si estos tóxicos los pusiéramos en piscinas olímpicas una tras otra formarían una hilera de 4.440 kilómetros, es decir, podríamos desde Finisterre a la Bahía de San Lorenzo en Quebec nadando en una sopa tóxica que cruzara el Atlántico. 

Y eso solo en un año y en la Unión Europea, que no es precisamente el continente donde más tóxicos se generan y compran.

Esto es irrefutable. Son datos oficiales. 

Otra de las cosas que nos sorprende es la comparativas del total de las sustancias peligrosas y no peligrosas. Como podéis ver la suma de sustancias tóxicas y no tóxicas es de 301 millones de toneladas. Si restamos los químicos tóxicos al total, tenemos que en 2018 se produjeron y consumieron en la Unión Europea 78,4 millones de toneladas de químicos considerados no peligrosos.

Es decir, tenemos más del doble de sustancias peligrosas que no peligrosas. 

Esas 222,6 millones de toneladas anuales de tóxicos ¿Dónde crees que están? ¿En industrias muy puntuales alejadas de nuestras vidas? ¿O tal volumen indica que son químicos muy presentes en nuestro día a día? Y no solo eso ¿Dónde crees que acaban todos esos tóxicos? ¿Se neutralizan? ¿Se esfuman? ¿se vuelven inertes tras ser usados?

No.

Terminan metabolizados en nuestro cuerpo como parte del ciclo del agua, puesto que muchos de ellos no pueden ser depurados, o almacenados en nuestro tejido adiposo. Están en el agua del riego de nuestras verduras y legumbres, también en la grasa de los animales de las granjas, en el aire que respiramos, en los mares y, sí, en nuestros cosméticos, en los productos del supermercado y en nuestros hogares.

Te los comes, te los bebes, los tocas, los respiras.

Y ya no sabemos cómo decírtelo para que te enteres y dejes de pensar que papá Estado está aquí velando por ti y creando un muro que te separe de 222,6 millones de toneladas anuales de tóxicos de todo tipo, mientras las enfermedades relacionadas con los disruptores endocrinos crecen y los cánceres se disparan sin que la teoría del ‘vivimos más’ o ‘todo está en los genes’ sirvan de excusas a ningún científico.

222,6 millones de toneladas de productos tóxicos al año te envuelven como una fina capa invisible e intangible, no es una anécdota, no es algo puntual, no es magia. 

Son datos reales.

Otro de los mantras que nos tienen cansadas es este: 

Tenemos mucha seguridad en materia de químicos

Pues como que no. Vigilancia, quizá. Seguridad, no.

Pero, de nuevo, no lo digo yo, sino que me remito a los datos de la propia Unión Europea (menudos magufos están hechos). El Reach, la agencia de los químicos de la UE, afirma:

La sociedad moderna necesita químicos, y la industria química de la Unión Europea es un sector importante para la economía europea. Pero la producción y expansión de sustancias puede poner en riesgo la salud humana y el medio ambiente.

La incidencia de las alergias, asma, cierto tipo de cánceres y desórdenes reproductivos en Europa va en aumento. Se sospecha que los químicos están contribuyendo a este hecho, pero necesitamos más información.

Sabemos muy poco sobre nuestros químicos: del 99% de ellos no tenemos suficiente información sobre sus efectos, usos y cómo deben ser manejados para ser seguros.

Si todavía piensas que tenemos mucha seguridad en materia de químicos, seguimos con más datos, pero antes te hago una pregunta. Oye, ¿tú volarías en una línea aérea que solo revisara el 3% de sus aviones?

Pues de todos los químicos que se usan en grandes volúmenes, más de 1000 toneladas al año y, por lo tanto, están muy presentes en nuestras vidas, la Unión Europea reconoce que solo se han testado el 3% de ellos.

Que del 11% solo tenemos los datos básicos, del 65% menos de los datos básicos y que del 21% no tenemos ningún dato de ellos. 

¿Cómo te quedas?

Si ninguno de nosotros volaría en una línea aérea que afirmara revisar solo el 3% de sus aviones, ¿por qué tenemos que convivir cada día con un 97% de químicos no testados?

Bueno, vale, sí están testados. Eres tú quien los testa día a día y comprueba el efecto cóctel en tus carnes: cáncer, hipotiroidismo, infertilidad, TDHA, malformaciones fetales, diabetes, obesidad, enfermedades metabólicas, SQM, migrañas, fibromialgia… Son hijas de esas 222,6 millones de toneladas, de esos químicos que se arrojan a los estantes de nuestros comercios sin haber sido testados, sin tener ni los mínimos datos sobre ellos…

Y, por último, el mantra de los mantras. Ese que muchas influencers poco informadas en materia de tóxicos y de disrupción endocrina (y sí muy bien adiestradas por el Stablishment) no paran de repetir en nuestras redes y blogs, y podcast… :

No existe la cosmética con tóxicos

Pero de esta…, de esta queremos hablar largo y tendido, con más datos, estudios científicos e informes de la Unión Europea y de la OMS centrándonos en los desodorantes tóxicos, que son, para nosotras, los productos cosméticos que pueden marcar la diferencia en nuestra calidad de vida.

Y tú ¿sigues creyendo que no estamos rodeados de tóxicos?

Anda, ayúdanos a difundir el mensaje de esta pequeña campaña sobre desodorantes tóxicos que hemos emprendido entre Soy Como Como y Orgànics Magazine y #cambiatudesodorante.

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